martes, 1 de mayo de 2012

Crónica

No sé si lo he mencionado, pero el asma crónica me ha acompañado, me acompaña y me acompañará el resto de mis días. Cuando eres niña y te dicen "no puedes salir a jugar por el frío" o, "no puedes quedarte hasta tan tarde" o "si no llevas inhalador puedes morir", los días se vuelven difícíles, guardando las proporciones, es un tipo de discapacidad que te mutila y es en la infancia donde más pesa. Han pasado los años y debo decir que cada día me amisto mas con este síndrome; las eximiciones de educación física, la imposibilidad de sacudir alfombras y una estampa de frágil que me ayuda en mi muchas veces escúalida imagen suave.
Los unguentos mágicos, los papeles de diario caliente en el pecho, los 30 días de inasistencia anuales, las plantillas hirviendo, el vapor, el mentolatum, los pinchazos endovenosos, las emergencias hospitalarias, los tanques de oxígeno, las carreras al broncopulmonar y al kinesiólogo de alguna manera han contribuido al crecimiento de mis pequeños pulmones y me han dado el aliento para entender que mas vale que tengamos a nuestras enfermedades de amigas, sobre todo si las llevaremos de por vida, por lo demás entiendes que pedirle al buen Dios ese tipo de sanidad no es necesario, creo que me ha ayudado a vivenciar cada día lo vulnerable que somos y que cada vez que inspiro, es una especie de milagro.
 Mi enfermedad de una extraña manera...Me sana!

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